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El
10 de mayo de 1941, Rudolf Hess, lugarteniente de
Hitler de cuarenta y siete años, voló a las islas
británicas pilotando su propio Messerschmitt y se
lanzó en paracaídas sobre Escocia, a quince kilómetros
del destino que se había fijado y que era la residencia
de un conocido suyo del Lanarkshire, el duque de
Hamilton. Sostuvo Hess que venía en misión de paz,
pero el pronunciamiento de Hitler en la época, el
juicio de Nuremberg después y una serie de eminentes
psiquiatras que lo examinaron más tarde lo declararon
loco. Sin embargo, quedan muchos convencidos de
que Hess no estaba loco, que la misión de 1941 era
oficial, y que el hombre fallecido en la cárcel
de Spandau no era Hess. Una evaluación de la probable
veracidad de estos argumentos es posible, pero subsisten
misterios suficientes para impedir que la cuestión
quede categóricamente cerrada en ningún sentido
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si es cierta la versión oficial británica, la misión
de paz de Hess se hallaba de antemano condenada al fracaso.
No podía esperar que Churchill aceptase condiciones
más duras que las declinadas por Chamberlain en 1939,
y tan exigentes como las rechazadas por Churchill en
los peores días del verano de 1940. El ver aplastados
por Hitler a sus tradicionales enemigos los bolcheviques
no habría constituido compensación para una paz humillante.
En cuanto al propio Hitler, no ahorró esfuerzos para
distanciarse de la escapada de Hess tan pronto como
se enteró de ella. No esperó a ver cómo resultaban las
supuestas conversaciones de paz, y aunque Hitler era
un consumado actor, su perplejidad inicial pareció auténtica.
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pues, por improbable, la hipótesis de que la misión de paz fuese
oficial. Cuando se postula que Hess tenía envidia de sus colegas
y creyó que un éxito resonante como la sumisión de Inglaterra le
restablecería en el favor de Hitler, en realidad estamos admitiendo
que actuó por propia iniciativa y sin contar con la anuencia de
su jefe. La temeridad de la empresa sería entonces un argumento
a favor del trastorno mental de Hess.
Sin embargo, algunos, entre
los cuales se cuenta al mismo Stalin, desconfiaron. Cuando Hess
emprendió su vuelo faltaban sólo tres semanas para la fecha en que
inicialmente debía comenzar la invasión de Rusia. Cuando se produjo
ésta era lógico pensar que Hess, con o sin la anuencia de Hitler,
pretendía especular sobre los fuertes sentimientos anticomunistas
de Churchill. De esta manera se habría puesto fin a la guerra en
el frente occidental, y Alemania dejaría de luchar a dos bandas.
Pero también esta cuenta parece muy arriesgada, y Churchill lo negó
enérgicamente cuando se reunió con Stalin en Teherán. Sin embargo,
y por más que Hess exhibió muchos comportamientos irracionales en
Nuremberg (lo que probablemente lo salvó de ser condenado a muerte),
durante sus últimos años de confinamiento en Spandau no manifestó
ninguna excentricidad, salvo las que cabría esperar de cualquier
preso después de tantos años de encierro solitario. Muchos de sus
guardianes y, por supuesto, los miembros de su propia familia lo
consideraron normal. ¿Tal vez recobró el uso de la razón, o fue
que no la había perdido nunca? De manera que, si bien la explicación
corriente de la inestabilidad mental de Hess parece la más probable,
todavía queda algún elemento de duda.
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Rudolf Hess, lugarteniente de
Hitler entre 1933 y 1941, Casualmente en el juicio de
Nuremberg exibió muchos comportamientos irracionales
que los psiquiatras manifestaron ser "locura"
y que milagrosamente acabado el juicio desaparecian,
esto le supuso librarse de la condena a muerte.
Fué condenado a 40 años a cadena perpétua, aislado
en una celda de Berlín
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suscitaron algunas dudas las circunstancias de su muerte. En 1946
el tribunal de Nuremberg lo condenó a cadena perpetua, y pasó cuarenta
años aislado en una celda de la cárcel de Spandau, en Berlín occidental.
El 17 de agosto de 1987 murió a la edad de noventa y tres años.
Se anunció que se había suicidado. Constaban varios intentos fallidos
anteriores, pero su hijo negó que Hess se hubiese quitado la vida,
argumentado que estaba demasiado anciano para ahorcarse como lo
hizo según la autopsia, a no ser que hubiese intervenido alguna
«ayuda» ajena. No negó Wolf-Rüdi-ger Hess, en cambio, que el difunto
fuese verdaderamente su padre. La existencia de un doble, entrenado
en Noruega durante la primavera de 1941, complica el misterio y
confiere cierta credibilidad a la teoría de que el fallecido en
1987 no era Rudolf Hess. En la época, muchos dirigentes políticos
y altos jefes militares de ambos bandos tenían dobles. Más peso
tienen las informaciones según las cuales los registros odontológicos
y la ausencia de cicatrices de anteriores intervenciones quirúrgicas
apuntaban a una sustitución. Sobre este fundamento se ha teorizado
que el hombre que voló a Escocia era el doble, no Hess. Pero el
proceso de Nuremberg, celebrado con mucha luz y taquígrafos, sin
duda habría revelado la impostura. Cualquier persona presente en
la sala, o que viese los noticiarios cinematográficos, podía advertirla,
y seguramente se habría considerado en el deber de llamar la atención
sobre el hecho. Que éste fuese negado por la familia Hess tras visitarlo
durante tantos años también quita credibilidad al rumor de la sustitución,
a menos que ellos también formasen parte de no se sabe qué intrincada
conspiración. Cabe dudar todavía de las verdaderas circunstancias
de su muerte, pero la identidad puede considerarse bien establecida.
Hasta cierto punto, los misterios
tejidos alrededor de Hess siguen siendo misterios. Es poco probable
que se llegue a una conclusión terminante, salvo aparición de nuevas
pruebas objetivas.
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