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Su velocidad era de unos 560 km/h. Aun así, más de 6.000 V-l cayeron en territorio aliado. Otros 10.000 fueron derribados o tuvieron fallos

 

más dramático para evitar las limitaciones de los aparatos tripulados (la defensa aérea y las condiciones climáticas) procedió de los alemanes, quienes desarrollaron dos cohetes operativos sin piloto, armas de venganza (Vergeltungswaffen) conocidas como la bomba volante V-l y el misil balístico V-2.                        Empleada por primera vez en junio de 1944, la V-l era un misil de crucero accionado por un motor a reacción, capaz de transportar una ojiva con explosivos de alta potencia de casi una tonelada. El V-l, lanzado desde una rampa de raíles en el suelo, disponía de un sistema de navegación primitivo y de un piloto automático que no podía ser bloqueado, pero su precisión era también primitiva, dado que sólo tres de cada cuatro bombas volantes caerían en un radio de trece kilómetros alrededor del que en teoría era el blanco. Es más, el V-l podía ser detectado por radar y derribado por interceptores y artillería anti-aérea

 que su velocidad era de unos 560 km/h. Aun así, más de 6.000 V-l cayeron en territorio aliado (la mayoría en Gran Bretaña) y causaron más de 50.000 muertes. Otros 10.000 fueron derribados o tuvieron fallos durante el vuelo.

Los alemanes, que habían empezado su programa de cohetes en los años 30, desarrollaron el V-2, un misil balístico de corto alcance (unos 320 kilómetros), de 14 metros de largo y capaz de cargar una tonelada de explosivos de alta potencia.

Era incluso menos preciso que el V-l, pero no podía ser derribado porque alcanzaba los 3.500 km/h en su descenso en picado. Los alemanes dispararon unos 3.000 V-2 contra blancos en Gran Bretaña, Francia, Bélgica y el oeste de Alemania, causando cerca de 13.000 muertes. Su relativamente débil carga explosiva y su gran imprecisión evitaron daños catastróficos en grandes ciudades y bases militares importantes, pero la falta de defensa contra los V-2 condicionó a los líderes aliados. Las operaciones terrestres y aéreas aliadas concedieron prioridad a la destrucción de las bases de lanzamiento de los cohetes V-l y V-2

.  salvajemente desde el aire e invadidas por las fuerzas de tierra, dichas bases de lanzamiento, así como las instalaciones de producción y prueba de los cohetes, cayeron en manos de los Aliados cuando todavía quedaban 7.000 V-2 por lanzar. Los V-2 tenían que ser atacados mientras estaban repostando (alcohol y oxígeno líquido) en las plataformas de lanzamiento al aire libre, puesto que una vez eran lanzados, los aliados sólo podían esperar a que hubiera algún fallo (lo que era bastante común) en el sistema de teledi-

] lección, o a que el aparato se recalentara y desintegrara durante el proceso de reingreso. Uno de los aspectos positivos del programa contra los V-2 fue que su desarrollo alejó recursos de varios programas de misiles anti-aéreos tierra-aire bastante prometedores que requerían una ingeniería y tecnología simples.

 

 

 

 

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