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Se ha dicho a menudo que Mi Lucha, o Mein Kampf, es una exposición completa de los ideales y la filosofía del nazismo, así como la proclamación de sus objetivos e intenciones. De manera que el libro alcanza una categoría como de Biblia del nacionalsocialismo. En realidad, es cuestionable el grado de influencia que ejerció, no ya en la Europa de la época sino incluso en la misma Alemania.

 

 

 

 

 

El libro se retrotrae a mediados de la década de los veinte, cuando Hitler estaba condenado a cinco años en la cárcel de Landsberg por su participación en el fallido golpe de estado de noviembre de 1923 en Munich. Durante esta reclusión, bastante confortable en realidad, con comidas puntuales y abundantes visitas de sus correligionarios, Hitler dictó el Mein Kampf a su fiel ayudante y posterior lugarteniente Rudolf Hess. Salió en dos volúmenes en 1925 y 1927. Es una farragosa, apasionada e inculta proclamación de la filosofía nazi, entremezclada de relato autobiográfico no siempre verídico. Aparte los corrosivos vituperios contra los judíos que abundan en el texto, Mein Kampf presenta interés, sobre todo, como vulgarización de las ideas religiosas y morales de Nietzsche, y también como perversión del darwinismo. La interpretación que hizo Hitler de conceptos tales como «la supervivencia de los más aptos»

 

 

 

  

  

“Un pasaje de Mein Kampf (escrito en 1924) suele considerarse el primer texto en el que Hitler juega con la posibilidad del exterminio judío.

 En él afirma que la Primera Guerra Mundial habría podido tener otro resultado de haberse gaseado a tiempo a algunas decenas de millares de judíos.

 
 



y «la lucha por la existencia» (y ya vemos que precisamente la palabra «lucha» aparece desde el mismo título) tiende a demostrar que la ley de la vida es el antagonismo, y que las nociones de tolerancia, piedad y compasión no son más que engaños concebidos por los débiles para evitar las acciones de los fuertes. En el orden práctico, el libro predice el exterminio de los judíos, un conflicto mundial de proporciones catastróficas, la caída de la Unión Soviética, la conquista del Lebensraum por los nazis, con la apropiación de los recursos hallados, y el establecimiento del nuevo orden mundial nazi bajo la primacía germánica.

En la Alemania del Tercer Reich se regalaba a todas las parejas de recién casados un ejemplar del libro. De manera que es posible que muchos Mein Kampj permanezcan todavía, tal vez sin haber sido leídos siquiera, en los estantes de las casas antiguas de Alemania. Los intelectuales que lo leyeron no tomaron en serio aquellas elucubraciones de un demagogo fanático y aventurero político de la época. Algunos incluso incurrieron en el error fatal de tratar de utilizar al personaje como peón de sus propias intrigas. Y cuando él se proclamó Führer, que quiere decir «caudillo», muchos siguieron albergando reservas acerca de su carácter y sus ideas políticas, aunque prefirieron no manifestar públicamente tales dudas, por conveniencia. Les pareció que Mein Kampj era una reliquia de una fase anterior de la historia nazi, y mejor olvidarlo.

También los dirigentes de otros países menospreciaron al personaje cuando observaron sus demostraciones de furor incontrolado y sus actitudes vulgares e insultantes. Nadie hizo caso del mensaje que, sin embargo, figuraba bien claro en las páginas de Mein Kampj, e incluso Stalin desdeñó los vitriólicos ataques contra el comunismo y el anuncio de que los pueblos eslavos inferiores estaban destinados a ser sometidos, creyendo que eran conceptos superados de la época en que Hitler era un agitador callejero. Parecía que hubiese dicho estas cosas sólo para conseguir un seguimiento fácil. Todos se engañaron pensando que Hitler no creía seriamente lo que hizo escribir.

De manera que en la práctica, nadie hizo caso de Mi Lucha, pese a ser una descripción perfecta de los designios nazis.


 

 


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