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Tras el histórico discurso pronunciado por el presidente Jhon F. Kennedy en 1961, en el que prometió poner un hombre en la luna que regresará sano y salvo a la Tierra antes de que acabe esa década», la prioridad
del programa espacial aumentó y fue directamente confiado a los ingenieros del equipo de Wernher von Braun, quien se convirtió en el primer director
del Marshall Space Flight Center, el centro de desarrollo de sistemas de transporte y propulsión de la NASA. El peso y las decisiones más importantes del programa lunar recayeron así sobre un ex oficial de las SS y su antiguo cuadro de trabajadores nazis, que habían construido los misiles que destruyeron Londres.
Además de Braun los dos hombres más importantes en la aventura lunar eran Kurt Debus y Arthur Rudolph. El primero, ex miembro de las SA (grupo paramilitar nazi), de las SS y de otras dos agrupaciones nazis, se convirtió en el primer director del Kennedy Space Center de Cabo Cañaveral, el lugar de lanzamiento de las misiones Apollo; Arthur Rudolph, la mano derecha de Von Braun, fue el cerebro que diseñó el
cohete más potente de la historia, el que lanzaría a la nave Apollo 11 a la Luna: el Saturno V.
Rudolph, ingeniero mecánico que se afilió al partido nazi en 1931 y que más tarde entró a formar parte de las SA conoció a Wernher von Braun en la presentación que hizo para el coronel Dornberger de un nuevo motor para cohetes en 1932. Tras el éxito de la prueba se integró en el grupo de Von Braun.
Una vez trasladados al complejo militar de Peenemünde los acontecimientos se precipitaron. Varios jefes militares decidieron que fuera Rudolph el que liderara la producción en masa del misil V-2 con el objetivo de destinar la mayor parte de esos misiles al bombardeo sistemático de la población londinense.
Para acelerar su fabricación y protegerla de los ataques aéreos, la producción se trasladó a los lúgubres subterráneos situados en las inmediaciones del campo de concentración de Mittelwerk. Inicialmente se producían unos 50 misiles al mes. Pero entonces Rudolph escribió un informe personal en el que apoyaba la idea de usar mano de obra de los campos de concentración. También convenció a Hitler de que la fábrica
pasara a manos de las SS, con lo que el ritmo de producción aumentó considerablemente. El jefe de Von Braun, el coronel Dornberger, fue reemplazado por el enigmático general de las SS, Kammler, un personaje de vida oculta que desapareció tras la guerra y que conocía todos los proyectos de armas secretas más avanzadas del III Reich. Según muchos investigadores, tras someterse a una cirugía facial pasó a formar parte del entramado más interno de los servicios de
inteligencia estadounidenses. Con él
la producción de misiles V-2 se multiplicó dramáticamente hasta llegar a casi
500 unidades al mes.
Una
de las primeras medidas de Kammler fue realizar ejecuciones públicas de
prisioneros cuyo rendimiento se consideraba deficiente. A diario se ahorcaba a
numerosos trabajadores en un lugar habilitado para ello. La primera vez que se
hizo algo así en Mittelwerk fue a principios de enero de 1945 y las SS obligaron
a Arthur Rudolph a presenciar la ejecución. Con ello queda demostrado que la
mayor parte de los científicos de Peenemünde y, sobre todo, sus máximos
responsables sabían con qué tipo de métodos se estaba logrando la producción de
sus valiosos misiles V-2.
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En abril de 1945, Kammler desapareció. Algunos informes sugieren que un miembro de su personal lo asesinó, siguiendo órdenes de Himmler para no permitir que personas con conocimientos detallados de los programas de misiles cayeran en manos de los aliados. Otros indican que Kammler pudo haber muerto en combate durante los últimos días de la guerra o se suicidó en algún lugar en los alrededores
de Praga. Hubo quienes especularon, dado que no se encontró el cadáver, acerca de la posibilidad de que Kammler hubiera sido capturado y que trabajó en secreto para los aliados después de la guerra (Operación Paperclip), extremo no probado como muchas otras teorías similares.
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Al
acabar la guerra Rudolph fue traspasado por efecto de la operación Paperclip a
un campo de detención estadounidense y a finales de 1945 entró en Estados
Unidos junto con Von Braun y el equipo del V-2. Tras una cuarentena de
seis meses, el presidente Truman aprobó la estancia de los científicos nazis,
muchos de ellos criminales de guerra.
Debido
al pasado de Rudolph, el servicio secreto estadounidense le sometió a
escrupulosos interrogatorios hasta que dio su visto bueno para que entrara a
formar parte del destacamento alemán en la base militar de Fort Bliss. Al poco
le acompañaría también su familia. Mientras trabajó para los militares
estadounidenses su tapadera fue una empresa civil denominada Solar
Aircraft Company. En 1949 fue interrogado de nuevo por el FBI (servicio de
investigación del Departamento de Justicia estadounidense) acerca de su afiliación
al partido nazi. Su respuesta fue casi cómica: «Hata 1930 yo simpatizaba con
el partido social democrático. Después de 1930 la siniestra situación económica
del país me conducía a la catástrofe, quedando sin empleo. El gran número de
desempleados causó la expansión de los nazis y de los comunistas. Asustado con
la posibilidad de que los rojos llegaran al poder, me uní al partido
nazi para preservar la cultura occidental».
Lo
cierto es que en su ficha inicial del ejército, tras ser capturado por los americanos,
éstos habían anotado lo siguiente: «100 por ciento nazi, del tipo peligroso. Se
le debe dar un trato de alta seguridad (...) se sugiere el internamiento». Sin
embargo, la ficha que los servicios secretos elaboraron durante la operación
Paperclip rezaba: «Nada en nuestros archivos indica que él fuera un criminal
de guerra o un ardiente nazi». Cinco años más tarde obtenía la ciudadanía
estadounidense con honores
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Kurt Debus ex miembro de las SS, de las SA y de otras dos agrupaciones nazis,
se convirtió en el primer director del Kennedy Space Center
en Cabo Cañaveral. La colaboración de los tres hombres permite a los
Estados Unidos realizar una de las hazañas más espectaculares de su
historia ya que, el 21 de julio de 1969, Neil Armstrong pisa la Luna,
una verdadera coronación para la cooperación científica entre el
partido nazi y el estado mayor norteamericano.
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Hubertus Strughold. Científico nazi que experimentó con cobayas
humanas, generalmente prisioneros de guerra, la resistencia al frío del
cuerpo humano, este era el triste final para miles de deportados en el
campo de concentración de Dachau. Hubertus Strughold también fue reclutado para
el proyecto Paperclip.
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Mientras
trabajó para la NASA en el desarrollo del cohete Saturno que llevaría
al hombre a la Luna, Rudolph recibió un doctorado honoris causa por la
Universidad de Florida y la medalla de servicios excepcionales, la más alta
condecoración que otorga el Ejército de Estados Unidos.
Los cargos que este nazi desempeñó en el programa Apollo fueron casi tan
importantes como los de su jefe, Wernher von Braun. Empezó como director de la
ingeniería de sistemas, con centenares de científicos y técnicos a su cargo.
Mientras desempeñó ese puesto fue el nexo de unión entre el centro de control de
vuelo en Houston y el centro de lanzamientos en Cabo Cañaveral, los dos lugares
más importantes de las misiones a la Luna. Después fue nombrado director del
proyecto Saturno V, lo cual suponía decidir los días de lanzamiento de
los cohetes. Junto a Von Braun, Rudolph fue vital para que el hombre llegara a
la Luna. No es casualidad que el primer cohete Saturno V, que llevó al
espacio a la nave Apollo 4, se lanzara el día de su cumpleaños.
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La realidad es que si no hubiese sido por Von Braun y sus compinches, creadores de la bomba volante v2, los americanos no hubieran podido llegar a la luna en el plazo estimado. (En la fotografia el Saturno V en el que Rudolph estubo muy involucrado).
Curiosamente una vez que ya se hubieron cumplido los objetivos previstos de la llegada a la luna Rudolph fué expulsado del país y a Von Braun le fueron ingnorados todas sus peticiones
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Arthur
Rudolph se retiró en 1969, pocos meses después de la llegada del hombre a la
Luna, cuando el programa Apollo y la exploración lunar no habían hecho más que
empezar. Pero había cumplido su misión, al igual que Wernher von Braun, que
también se retiró poco tiempo después. Habían construido el cohete que querían
los norteamericanos y, tras firmar las confidencialidades y los documentos
pertinentes que, sin duda, afectaban tanto a la seguridad de Estados Unidos
como a la suya propia y a la de sus familias, se retiraron discretamente.
Pero la tranquilidad no duró mucho. En 1982, la OSI
(Oficina de Investigaciones Especiales) le envió una citación a Rudolph para
someterle a un interrogatorio. El alemán creía que sería una de esas citas
rutinarias a las que ya estaba acostumbrado desde que había llegado a los
Estados Unidos. Pero no fue así. Al final fueron tres largas sesiones en
las que se le preguntó de nuevo por sus ideas acerca de la superioridad racial,
su temprana afiliación al partido nazi y, sobre todo, su posible papel en el
trato infligido a los prisioneros de Mittelwerk. Meses más tarde Rudolph
aceptó firmar un acuerdo con la OSI por el cual no se le acusaría de nada si, a
cambio, se marchaba del país con su mujer y su hija renunciandofueron tres
largas sesiones en las que se le preguntó de nuevo por sus ideas acerca de la
superioridad racial, su temprana afiliación al partido nazi y, sobre todo, su
posible papel en el trato infligido a los prisioneros de Mittelwerk. Meses más
tarde Rudolph aceptó firmar un acuerdo con la OSI por el cual no se le acusaría
de nada si, a cambio, se marchaba del país con su mujer y su hija renunciando a
su ciudadanía estadounidense. Así fue.
Pero meses antes de la firma de eseacuerdo la OSI había proporcionado documentación al juez general de Hamburgo,
bajo petición del Gobierno alemán. De hecho, cuando Rudolph y su familia
llegaron a Alemania el Gobierno puso de relieve su situación de «apatrida sin
ciudadanía reconocida en ningún país». Al poco tiempo aparecieron testigos de
Mittelwerk para recordarle su pertenecía al brutal programa de los V-2.
Rudolph empezó a sentirse acorralado. Paralelamente, en la NASA, se hizo una
encuesta para retirarle la Medalla de Servicios Distinguidos que le habían ofrecido
tan sólo un par de años antes.
Arthur Rudolph vivió tal vez su peor momento en 1989, cuando solicitó un visado para entrar en Estados Unidos y celebrar el vigésimo aniversario de la llegada del hombre a la Luna. Después de todo él era el segundo mayor responsable de que aquella hazaña hubiese llegado a buen puerto. Pero el Departamento de Estado le denegó la entrada. Tras lograr ver a su hija en la frontera de Canadá, fue detenido y expulsado
también de ese país. Apoyado por neonazis y personas afines, intentó defender su causa hasta su muerte, ocurrida en 1996 de un ataque al corazón en Hamburgo.
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