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Aunque Von Braun y su equipo fueron transferidos a la NASA en 1958, Rudolph se quedó con ABMA para continuar sus trabajos . En 1961, que finalmente se trasladó a la NASA, trabajó una vez más con Von Braun.

Se convirtió en el director asistente de ingeniería de sistemas, que actúa como enlace entre el desarrollo de vehículos en el Marshall Space Flight Center y el Centro de naves espaciales tripuladas en Houston. Más tarde se convirtió en el director del proyecto del cohete Saturno V programa desde agosto de 1963 hasta mayo de 1968, y luego fue el ayudante especial del director del MSFC.

Él desarrolló los requisitos para el sistema de cohetes y el plan de misión para el proyecto Apollo. El primer Saturno V salido de lanzamiento del Centro Espacial Kennedy y se realizó sin problemas, el 9 de noviembre de 1967, Rudolph . El 16 de julio de 1969, el Saturno V lanzó Apollo 11, poniendo al hombre en la Luna. Al final de 1969, Rudolph se retiró de la NASA. Durante su mandato fue condecorado con la Medalla de la NASA Exceptional Service NASA y la Medalla de Servicio Distinguido.

Pero no acaba todo aquí............

 

Siegfried Ruff, responsable de los experimentos de simulación de gran altitud (que volvían completamente locos a los detenidos por la falta de oxígeno) escribió con él un libro sobre salud aérea. Poco faltó para que Ruff también fuera contratado en el marco de Paperclip después de haber sido absuelto milagrosamente en Nuremberg. Aún hoy, el edificio de la US Air Force en San Antonio lleva el nombre de Hubertus Strughold.

 
 

 

 
 

 

Tras el histórico  discurso  pronunciado  por el presidente  Jhon F. Kennedy  en  1961,  en  el que prometió poner  un hombre  en  la  luna que  regresará  sano  y  salvo  a  la  Tierra  antes  de  que  acabe esa  década»,  la  prioridad  del  programa  espacial  aumentó y fue directamente confiado a los ingenieros  del equipo de Wernher von Braun, quien se convirtió en el primer director del Marshall Space Flight  Center,  el centro  de desarrollo de sistemas de transporte y propulsión de la NASA. El peso y las  decisiones  más importantes  del programa  lunar  recayeron  así  sobre  un ex oficial de las SS y su  antiguo cuadro de trabajadores nazis, que habían construido los misiles que destruyeron Londres.

Además de Braun los dos hombres más importantes en la aventura lunar eran Kurt Debus y Arthur Rudolph. El primero, ex miembro de las SA (grupo paramilitar nazi), de las SS y de otras dos agrupaciones nazis, se convirtió en el primer director del Kennedy Space Center de Cabo Cañaveral, el lugar de lanzamiento de las misiones Apollo; Arthur Rudolph, la mano derecha de Von Braun, fue el cerebro que diseñó el cohete más potente de la historia, el que lanzaría a la nave Apollo 11 a la Luna: el Saturno V.

Rudolph, ingeniero mecánico que se afilió al partido nazi en 1931 y que más tarde entró a formar parte de las SA conoció a Wernher von Braun en la presentación que hizo para el coronel Dornberger de un nuevo motor para cohetes en 1932. Tras el éxito de la prueba se integró en el grupo de Von Braun.

Una vez trasladados al complejo militar de Peenemünde los acontecimientos se precipitaron. Varios jefes militares decidieron que fuera Rudolph el que liderara la producción en masa del misil V-2 con el objetivo de destinar la mayor parte de esos misiles al bombardeo sistemático de la población londinense.

Para acelerar su fabricación y protegerla de los ataques aéreos, la producción se trasladó a los lúgubres subterráneos situados en las inmediaciones del campo de concentración de Mittelwerk. Inicialmente se producían unos 50 misiles al mes. Pero entonces Rudolph escribió un informe personal en el que apoyaba la idea de usar mano de obra de los campos de concentración. También convenció a Hitler de que la fábrica pasara a manos de las SS, con lo que el ritmo de producción aumentó considerablemente. El jefe de Von Braun, el coronel Dornberger, fue reemplazado por el enigmático general de las SS, Kammler, un personaje de vida oculta que desapareció tras la guerra y que conocía todos los proyectos de armas secretas más avanzadas del III Reich. Según muchos investigadores, tras someterse a una cirugía facial pasó a formar parte del entramado más interno de los servicios de inteligencia estadounidenses. Con él la producción de misiles V-2 se multiplicó dramáticamente hasta llegar a casi 500 unidades al mes.

Una de las primeras medidas de Kammler fue realizar ejecuciones públicas de prisioneros cuyo rendimiento se consideraba deficiente. A diario se ahorcaba a numerosos trabajadores en un lugar habilitado para ello. La primera vez que se hizo algo así en Mittelwerk fue a principios de enero de 1945 y las SS obli­garon a Arthur Rudolph a presenciar la ejecución. Con ello que­da demostrado que la mayor parte de los científicos de Peenemünde y, sobre todo, sus máximos responsables sabían con qué tipo de métodos se estaba logrando la producción de sus valiosos misiles V-2.

 

 

  

En abril de 1945, Kammler desapareció. Algunos informes sugieren que un miembro de su personal lo asesinó, siguiendo órdenes de Himmler para no permitir que personas con conocimientos detallados de los programas de misiles cayeran en manos de los aliados. Otros indican que Kammler pudo haber muerto en combate durante los últimos días de la guerra o se suicidó en algún lugar en los alrededores de Praga. Hubo quienes especularon, dado que no se encontró el cadáver, acerca de la posibilidad de que Kammler hubiera sido capturado y que trabajó en secreto para los aliados después de la guerra (Operación Paperclip), extremo no probado como muchas otras teorías similares.

 
 

 

Al acabar la guerra Rudolph fue traspasado por efecto de la operación Paperclip a un campo de detención estadounidense y a finales de 1945 entró en Estados Unidos junto con Von Braun y el equipo del V-2. Tras una cuarentena de seis meses, el presidente Truman aprobó la estancia de los científicos nazis, muchos de ellos criminales de guerra.

Debido al pasado de Rudolph, el servicio secreto estadounidense le sometió a escrupulosos interrogatorios hasta que dio su visto bueno para que entrara a formar parte del destacamento alemán en la base militar de Fort Bliss. Al poco le acompañaría también su familia. Mientras trabajó para los militares estadouniden­ses su tapadera fue una empresa civil denominada Solar Aircraft Company. En 1949 fue interrogado de nuevo por el FBI (servicio de investigación del Departamento de Justicia estadounidense) acerca de su afiliación al partido nazi. Su respuesta fue casi cómica: «Hata 1930 yo simpatizaba con el partido social democrático. Después de 1930 la siniestra situación económica del país me conducía a la catástrofe, quedando sin empleo. El gran número de desempleados causó la expansión de los nazis y de los comunistas. Asustado con la posibilidad de que los rojos llegaran al poder, me uní al partido nazi para preservar la cultura occidental».

Lo cierto es que en su ficha inicial del ejército, tras ser capturado por los americanos, éstos habían anotado lo siguiente: «100 por ciento nazi, del tipo peligroso. Se le debe dar un trato de alta seguridad (...) se sugiere el internamiento». Sin embargo, la ficha que los servicios secretos elaboraron durante la operación Paperclip rezaba: «Nada en nuestros archivos indica que él fuera un criminal de guerra o un ardiente nazi». Cinco años más tarde obtenía la ciudadanía estadounidense con honores

 

 

 

  

 

Kurt Debus  ex miembro de las SS, de las SA y de otras dos agrupaciones nazis, se convirtió en el primer director del Kennedy Space Center en Cabo Cañaveral. La colaboración de los tres hombres permite a los Estados Unidos realizar una de las hazañas más espectaculares de su historia ya que, el 21 de julio de 1969, Neil Armstrong pisa la Luna, una verdadera coronación para la cooperación científica entre el partido nazi y el estado mayor norteamericano.

Hubertus Strughold. Científico nazi que experimentó con cobayas humanas, generalmente prisioneros de guerra, la resistencia al frío del cuerpo humano, este era el triste final para miles de deportados en el campo de concentración de Dachau. Hubertus Strughold también  fue reclutado para el proyecto Paperclip.

 

 

Mientras trabajó para la NASA en el desarrollo del cohete Saturno que llevaría al hombre a la Luna, Rudolph recibió un doctorado honoris causa por la Universidad de Florida y la medalla de servicios excepcionales, la más alta condecoración que otorga el Ejército de Estados Unidos.

Los cargos que este nazi desempeñó en el programa Apollo fueron casi tan importantes como los de su jefe, Wernher von Braun. Empezó como director de la ingeniería de sistemas, con centena­res de científicos y técnicos a su cargo. Mientras desempeñó ese puesto fue el nexo de unión entre el centro de control de vuelo en Houston y el centro de lanzamientos en Cabo Cañaveral, los dos lugares más importantes de las misiones a la Luna. Después fue nombrado director del proyecto Saturno V, lo cual suponía decidir los días de lanzamiento de los cohetes. Junto a Von Braun, Rudolph fue vital para que el hombre llegara a la Luna. No es casualidad que el primer cohete Saturno V, que llevó al espacio a la nave Apollo 4, se lanzara el día de su cumpleaños.

 

 

  

 

La realidad es que si no hubiese sido por Von Braun y sus compinches, creadores de la bomba volante v2, los americanos no hubieran podido llegar a la luna en el plazo estimado. (En la fotografia el Saturno V en el que Rudolph estubo muy involucrado).

Curiosamente una vez que ya se hubieron cumplido los objetivos previstos de la llegada a la luna  Rudolph fué expulsado del país y a Von Braun le fueron ingnorados todas sus peticiones

 
 

Arthur Rudolph se retiró en 1969, pocos meses después de la llegada del hombre a la Luna, cuando el programa Apollo y la exploración lunar no habían hecho más que empezar. Pero había cumplido su misión, al igual que Wernher von Braun, que también se retiró poco tiempo después. Habían construido el cohete que que­rían los norteamericanos y, tras firmar las confidencialidades y los documentos pertinentes que, sin duda, afectaban tanto a la seguridad de Estados Unidos como a la suya propia y a la de sus familias, se retiraron discretamente.

Pero la tranquilidad no duró mucho. En 1982, la OSI (Oficina de Investigaciones Especiales) le envió una citación a Rudolph para someterle a un interrogatorio. El alemán creía que sería una de esas citas rutinarias a las que ya estaba acostumbrado desde que había llegado a los Estados Unidos. Pero no fue así. Al final fueron tres largas sesiones en las que se le preguntó de nuevo por sus ideas acerca de la superioridad racial, su temprana afiliación al partido nazi y, sobre todo, su posible papel en el trato infligido a los pri­sioneros de Mittelwerk. Meses más tarde Rudolph aceptó firmar un acuerdo con la OSI por el cual no se le acusaría de nada si, a cambio, se marchaba del país con su mujer y su hija renunciandofueron tres largas sesiones en las que se le preguntó de nuevo por sus ideas acerca de la superioridad racial, su temprana afiliación al partido nazi y, sobre todo, su posible papel en el trato infligido a los pri­sioneros de Mittelwerk. Meses más tarde Rudolph aceptó firmar un acuerdo con la OSI por el cual no se le acusaría de nada si, a cambio, se marchaba del país con su mujer y su hija renunciando a su ciudadanía estadounidense. Así fue.

Pero meses antes de la firma de eseacuerdo la OSI había proporcionado documentación al juez general de Hamburgo, bajo pe­tición del Gobierno alemán. De hecho, cuando Rudolph y su fa­milia llegaron a Alemania el Gobierno puso de relieve su situación de «apatrida sin ciudadanía reconocida en ningún país». Al poco tiempo aparecieron testigos de Mittelwerk para recordarle su per­tenecía al brutal programa de los V-2. Rudolph empezó a sentirse acorralado. Paralelamente, en la NASA, se hizo una encuesta para retirarle la Medalla de Servicios Distinguidos que le habían ofrecido tan sólo un par de años antes.

Arthur Rudolph vivió tal vez su peor momento en 1989, cuando solicitó un visado para entrar en Estados Unidos y celebrar el vigésimo aniversario de la llegada del hombre a la Luna. Después de todo él era el segundo mayor responsable de que aquella hazaña hubiese llegado a buen puerto. Pero el Departamento de Estado le denegó la entrada. Tras lograr ver a su hija en la frontera de Canadá, fue detenido y expulsado también de ese país. Apoyado por neonazis y personas afines, intentó defender su causa hasta su muerte, ocurrida en 1996 de un ataque al corazón en Hamburgo.

 

 


 

  

 


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